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Categoría: Okkervil River

Okkervil River

hmagazinecontenidos91 03/03/2008 @ 11:43

LO TIENEN TODO PARA NO MOLAR.PERO MOLAN,Y
MUCHO.SUMEMOS:LETRAS IMPACTANTES EN UNA ÉPO-
CA DE FAST-FOOD MUSICAL + MÚSICA POP-ROCK DE
TODA LA VIDA = POCO INTERÉS MEDIÁTICO.SIN EMBAR-
GO,ALGO HAN DE TENER PARA QUE LA PRENSA EN
GENERAL SE HAYA VOLCADO EN ELLOS.

Okkervil River podría definirse como la epopeya de un
hombre, Will Sheff, a la búsqueda de la banda y el sonido
perfectos. Y parece que su último álbum, The stage
names, podría ser el primer punto y aparte de su aventu-
ra, una cumbre a partir de la que echar a volar. Finalmen-
te, Will ha conseguido que un sonido tan convencional
como el pop-rock explosione hasta convertirse en algo
complejo y fascinante. Desde que Will Sheff y Seth Warren
formaran Okkervil River en 1998, muchos han sido los
discos con los que han intentado asaltar la conciencia
pública, con resultados tan interesantes como su Black
sheep boyde 2005, la antesala de The stage names.
También han sido muchos los nombres que han fluido
por las venas de la banda, sin una formación fija hasta
la grabación del último disco. Como toda epopeya, sin
embargo, tiene su parte de tragedia: debido a la poca
respuesta que Okkervil recibía del mundo, Warren aban-
donó el grupo en 2000, poco antes de que ficharan por
el sello JagJaguwar. A partir de ese momento, todo quedó
en manos de Will Sheff, personaje culto e incluso culte-
rano con quien es imposible tener una conversación
ligera. Lo que viene a decir que entrevistarle puede ser
cualquier cosa, menos superficial.
¿A quién se le ocurrió bautizar la banda como Okkervil
River? Fue algo casual. La formación original de la ban-
da se reunió para dar con un nombre y yo acababa de
leer una historia de Tatiana Tolstaya con ese título, así
que lo sugerí. De una forma u otra, el cd The stage
namesrefleja nuestro esfuerzo por encontrarle una
razón a ese nombre.
¿A qué hace referencia el título de vuestro último
álbum?Supongo que admiro mucho arte hecho por per-
sonas con nombres profesionales adoptados. Lo que
quería era escribirles unas cuantas cartas de amor.
¿Es eso lo único que lo diferencia de vuestros anterio-
res discos?La verdad es que no soy muy objetivo cuando
se trata de analizar mi proceso de creación. Para mí, esto
es menos una evolución que un movimiento hacia terre-
nos diferentes. Si tuviera que generalizar sobre las dife-
rencias entre The stage namesy, por ejemplo, nuestro
anterior álbum, Black sheep boy, diría que el último está
más enfocado hacia la calle, mientras que el anterior era
más íntimo y, de alguna forma u otra, más subterráneo.
La primera canción de The stage namesse pregunta
por la posibilidad de que nuestra vida sea una película.
¿Es eso algo que te preocupa? No me preocupa, pero me
interesa. Pienso que a medida que el entretenimiento se
hace más y más variado, más épico y a la vez más
pequeño, más pródigo y portátil, más global y humilde,
más cercano que nunca, es complicado no actuar como si
estuviéramos continuamente dentro de una película. ¿Has
visto alguna vez una película realmente larga y absorben-
te? ¿Y no has acabado por salir a la calle comportándote
como un reflejo de los protagonistas? Las películas son
como los sueños de nuestra cultura vomitados sobre una
pantalla. Y es difícil despegarte de tus sueños.
En alguna ocasión has dicho que The stage names trata sobre ser un fan.
Me sorprende, porque los músicos no
suelen hablar de fanatismos, sino de
influencias. ¿Eres fan de muchos artistas?
Sí, tengo que reconocerlo: soy fan de
mucha gente. Creo que los fanatismos
definen mi existencia.
Pero si, mientras estoy aquí respondiéndote en esta
cafetería, tuviera que ponerme a hacer una lista de
las diferentes bandas o directores o escritores de los
que soy fan, ¡tendrían que echarme a patadas a la
hora de cerrar!
También dejas escapar algunas reflexiones interesan-
tes sobre la relación entre el fanatismo y la sexuali-
dad. E incluso sobre las groupies. ¿Has llegado a
alguna conclusión?Uno de mis logros es no ofrecer a
nadie conclusiones sobre nada. No estoy seguro de si
creo en la existencia real de las conclusiones, y no quie-
ro que la gente crea que pueden reducir las cancio-
nes de The stage names a una conclusión accesible
que puedan meter en su bolsillo para, inmediata-
mente, dejar de pensar en ello.
Lo dicho: una entrevista con Will Sheff puede ser cual-
quier cosa menos superficial. Sus respuestas enrevesa-
das y algo esquivas tienen mucho que ver con el sonido
de The stage names, un álbum accesible que no se gas-
ta por mucho que lo escuches, ni tampoco por mucho
que no sepas nada de la gente a la que Sheff escribe
desde el amor de fan. Más info: okkervilriver.com

texto: Raúl de Tena